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En cumplimiento del viejo axioma marino que reza que un capitán debe permanecer en su barco pase lo que pase, el hombre a cargo de los destinos del "Almirante Irízar" se rehusó a abandonar su nave en alta mar y se obstinó en permanecer a bordo tras dar la orden de evacuar el rompehielos.
El capitán de fragata Guillermo Tarapow, integrante de una familia de arraigada tradición naval y máximo responsable del inmenso buque destinado a las expediciones antárticas, resolvió permanecer solo a bordo del buque mientras las otras casi 300 personas que se encontraban en la embarcación eran evacuadas por los buques de auxilio.
En este sentido, el jefe de prensa del Ministerio de Defensa, Jorge Bernetti, destacó la actitud del capitán Tarapow, quien -según dijo- resolvió quedarse en su puesto "cumpliendo con una antigua tradición naval".
Una vez que quedó a solas y al mando del buque, el capitán Tarapow informó a sus superiores que había resuelto permancer a bordo, al menos hasta tanto se hiciera una definitiva evaluación de daños de la nave y se conociera cuál iba a ser su destino.
Esta actitud fue "muy valorada" en los círculos marítimos, ya que en el momento en que el capitán Tarapow tomó la determinación de seguir a bordo del buque, aún existían serios riesgos de que el incendio se propagara y que la nave se hundiese.
En este sentido, fuentes castrenses revelaron que Tarapow pertenece a una familia con arraigada tradición naval, ya que tanto su padre como algunos de sus hermanos pertenecen a la Marina. Como pequeña muestra de esta devoción por las artes del oceáno, el propio capitán Tarapow fue bautizado con tres nombres: el primero de ellos es Guillermo, al igual que el almirante Brown, máximo héroe marino de la Argentina; y el tercero es Nelson, como se apellidaba el mítico almirante de las flotas inglesas que enfrentó y venció a las fuerzas de Napoleón Bonaparte.
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