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Los virtuosos británicos volvieron a Argentina para presentar "The Final Frontier" ante unas 40 mil personas y registrarlo en formato DVD.
Con la actitud de siempre, otro público, y un track list algo amesetado, Iron Maiden culminó victorioso desde la trinchera de su heavy clásico, inoxidable y precursor.
Ver lista de temas dentro de la nota.
Por Sergio Corpacci
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Cuadro de situación: a poco más de 400 metros de la frontera que divide Capital de Provincia miles de combativos comienzan a ganar territorio y por ende posiciones.
Estratégicamente, quienes luchan por un sitio de privilegio se pertrechan temprano cerca del Teatro de Operaciones, Estadio de Vélez Sarsfield, antiguo Fortín, para cerrar filas y ganar ese sitial por el que miles pujan y sólo unos pocos logran.
El tema es que si uno lucha y se la banca no hay que capitular cuando el combate comienza. ¿Demasiado léxico bélico para un recital de Iron Maiden en ocasión de la presentación de “The Final Frontier” o la frontera final en nuestro idioma?. Quizá. Pero vale para marcar al cancha y cuestionar a aquellos cientos que poco después de las 21.10, ni bien culminada la intro seguida por Satellite 15, The Final Frontier y promediando El Dorado emprendieron la retirada ocasionando el desbande haciendo que el campo detone y esquirlas humanas lo tornan un campo minado.
Es que los tiempos cambian: donde ayer había heavis aguantando el metal y evitando el ablande, hoy día, miles de metaleros, ñu metaleros y nuevas generaciones de curiosos quieren saber, oír y sentir no demasiado de qué se trata. Y se trata entre otras cosas de preservar el espacio ganado. No tornar ganado a miles de almas que sólo quieren ver, escuchar y gozar desde la posición conseguida.
Pese a ellos, el triunfo en medio de la marea comenzó a vivirse con Two Minutes to Midnight para el rescate emotivo de los de la primera hora y el inicio del desvirgue maidenesco de los novatos, o los caretas como los jevis gustan llamar.
Así, entre manos que vienen, piernas que van y cuerpos sudados que se entrechocan The Talisman, Coming Home y Dance of Death preludiaron a otro disparo al corazón de hierro de la noche: The Trooper, canción que habla sobre la batalla de Balaclava de 1854 durante la guerra de Crimea y ofrece a un Bruce Dickinson guerrero e inquisidor flameando la bandera inglesa - debe ser la única ocasión en la que el público rocker no arenga con la pavada esa de “el que no salta es un inglés” - donde Vélez detona como nunca y como siempre. Como jamás lo haría en el marco de un partido de fútbol – salvo que un grande cope la visitante – y como siempre lo puede Iron Maiden y su maquinaria de sangre, sudor y heavy metal.
Pero el track list, carente de algunos hitazos, corroboró aquello de que después de la tormenta viene la calma. Frase hecha en la que quizá radique lo amesetado que por momentos fue el show de los gigantes británicos: cuatro temas en fila, antes de Fear of the Dark, apaciguaron y aplacaron. Pero lo mejor estaba por venir.
¿Maiden capitulando? Ni a palos porque a la contundencia musical de siempre le agregó su clásico cotillón caricaturesco. A la renovada e inmensa Eddie paseandose entre los músicos cautivando a la monada, o apareciendo detrás de la batería de Nicko, oteando el horizonte de un Vélez que se deshacía en cuernitos, alaridos y felicidad luego de que Bruce nos arengara con su "Scream for me Buenos Aires" (Grita para mí Buenos Aires). O destacando el hecho de grabar el DVD en Buenos Aires “porque en Flight 666 el tema más eufórico fue aquí” (ya lo sabemos...), o solidarizándose con el pueblo japonés por lo por todos conocido.
Avanzando en la lista y sobre nosotros, Iron Maiden, tema homónimo, The Number of the Beast, Hallowed Be Thy Name y Running Free clausuraron otra batalla con Harris acribillándonos con su bajo y sacudiendo su carmeleada cabellera, Janick Gers violando a su viola en pose tan caliente como ese final que el show y la gente merecía: Adrian Smith izando el mástil de su guitarra, Dave Murray deshaciendo su viola y deshaciéndose en muecas. Y desde el fondo, Nicko Mac Brian, líbero metalero alzando palillos, victorioso y asomando sonrisa ancha. Todos presentados por el siempre impecable Dickinson en el cierre de otra batalla, no tan épica como las anteriores, pero digna de una leyenda de los kilates de la banda.
Los Maiden junto a nosotros como cautivos habíamos cruzado "La Frontera Final", en dos horas y 16 temas. Más allá de quienes antes de avanzar en un recital de heavy metal debieran aprender aquello que predicaba V8 con su disco “Un paso más en la batalla”. Nunca un paso menos ni un paso atrás. |