TRES OPCIONES RECOMENDABLES |
Tamaño del texto
|
|
|
Esa loca… loca farándula
|
|
|
Una prueba de que todo es posible en la dimensión teatral desconocida.
Por Norma Dumas
|
|
En esa extraña y alucinante caja de Pandora que es el teatro, la fantasía puede aflorar o quedarse arrumbada dentro como un enigma sin destino.
Cuando el enigma cumple su ciclo y desaparece, la fantasía emerge rutilantemente para que ningún espectador pierda su capacidad de asombro.
EL HISTRIONISMO DE EDITH MARGULIS
Está escrito en las páginas doradas del tiempo que quien considera a la vida un espectáculo, termina siendo un espectáculo de la vida.
Hace siete exultantes años, los duendes del azar le traspasaron a una inspirada Edith Margulis un underground esotérico e intimista para que acamparan allí todas las musas que deambulan entre candilejas.
La Margulis extrajo de sus alforjas toda su producción de creatividad, imaginación y estilo y la volcó sobre un escenario azorado, que se ejercitó en sorprenderse y se ejercitó en sorprender.
La música y el ritmo pasaron por allí orondamente y pactaron con todas las comarcas del mundo, exhibiendo su poesía, si prosa, sus secretos ancestrales, sus costumbres más esotéricas y su stand de tradiciones, arrinconado en la evocación y en la nostalgia.
Como una yapa cautivante, sacó a relucir sus dotes de “gourmet” convicta y confesa y arremetió con todos los sabores del mundo para que ningún paladar se considerara desterrado de las vicisitudes escénicas de cada día.
Por la obstinada versatilidad de su retablo, desfilan nombres, proyecciones y talentos (Donna Carroll, Oscar López Ruiz, Mariquena Monti, Lea Padovani, etc.) y, de vez en cuando, la sorpresa se cuela en la aparición de alguna flamante revelación fuera de programa.
En su séptimo cumpleaños como anfitriona diplomada revivió su versión de “Como Cuando Vinimos de España” una alegoría histórica escapada del descubrimiento de América, con sus carabelas, sus indios, el simbolismo de un Colón visible pero invisible y las inocuas tonadas de esa época.
Como no podía ser de otro modo, por las mesas deambularon “tapas”, “fabadas”, tortillas cantábricas, “natillas” y jerez, para demostrar que la decisión de independizarse de la Madre Patria, no incluyó a su virtual astronomía.
No se sabe que furtivas próximas alternativas se develarán en el insurgente escenario de “La Biblioteca Café”, ese subsuelo estacionado al 1.100 de Marcelo T. de Alvear y donde todo es posible en la más alucinante de las dimensiones desconocidas.
Por supuesto, el histrionismo de Edith Margulis tiene la última palabra.
UNA OVEJA QUE NO SE ATREVIO A SER DEL TODO NEGRA
Verónica Díaz Benavente se atreve obstinadamente a todo, menos a resignarse a parecer una oveja definitivamente negra.
Para demostrarlo se catapultó al restringido pero intenso escenario de “La Casona del Teatro” que lidera Beatriz Urtubey, atribulando el aire con sus tribulaciones existenciales y todo el engranaje de sus pretensiones funambulescas.
En rigor de verdad se despachó con un unipersonal nada desestimable, inteligente, intencionado y perspicaz, bien concebido y notablemente interpretado.
Tiene gracia y la gratificante vicisitud de no intentar distorsionarla por lo que, de alguna manera, puede bastarse consigo misma.
Con la estratégica escénica de Jorge Lorenzo y la prestancia rítmica de un entusiasta cuarteto musical, penetró en la arrogancia del show propiamente dicho, talentosa y proyectivamente.
En suma, concordamos con ella que no tiene necesidad de llegar a los extremos de convertirse en una “oveja negra”, puesto que con ser una “oveja gris” ya tiene el éxito asegurado.
CUANDO LILIANA BELFIORE APUESTA A LA NIÑEZ
No es posible y tampoco sería justo olvidar la relevancia y el talento diseminado por Liliana Belfiore en la gesta danzante de nuestro emblemático Teatro Colón.
El ballet se enamoró de su rutilante virtuosismo y la convirtió en una estrella fulgurante de su fulgurante harén de vestales danzarinas.
El tiempo, que nunca se resignó a desprenderse de su magia, la consignó ahora a volcar esa magia en el absorto y asombrado mundo de la niñez que, prodigiosamente, son los súbditos más recónditos e inefables de cualquier itinerante magia.
Cada domingo, en el Centro Cultural Borges, Liliana Belfiore intercepta el lirismo musical de Tchaicovsky y el fantasioso creativismo de Perrault para regalarle a esa niñez los movimientos coreográficos de una “Bella Durmiente” fulgurando entre candilejas y emergiendo entre bambalinas.
El resultado es una prescripción inevitable: los chicos se encantan y los adultos también.
Nada deja de ser posible ni imposible en esta decretada y desopilante, loca farándula nuestra de cada día. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Canal 26 en vivo
Estamos Viendo
Tomalo con Calma
Próximo Programa
Día y Medio
|
|
|
|